El cambio. ¿Todo granito de arena cuenta?

Siguiendo temáticas anteriores…
Me vais a perdonar (o no), pero muchas veces veo que la gente defiende estupideces, o lucha ciegamente por ellas, siendo el centro de su vida.
Estupideces, desde mi perspectiva, porque son detalles… aunque supongo que no hay nada lo suficientemente anodino como para no merecer ser defendido, siempre y cuando uno sepa qué lugar le pertenece en un ranking de importancia. No es lo mismo intentar cambiar los cimientos sociales, que el comportamiento social inmediato, que defender tal o cual partido político porque es “lo que tenemos”.
Si los cimientos cambiaran, puede que tuviéramos más posibilidades, y facilidades.
Yo entiendo que el tema del ranking es subjetivo, pero veo separaciones claras. Estaremos todos de acuerdo en que cambiar las bases de la sociedad es lo más importante, y también lo más difícil de conseguir. Más allá de que haya personas mentecuadrada y encefalograma plano que se nieguen al cambio por miedo. Por comodidad.
Y no me parecen mejores aquellas que se entregan a cambios menores por sentirse muy “activas y concienciadas”, incluso “intelectuales”, pero igualmente se niegan a nada más allá, ignorantes en su vida, cómodas en su rutina social aprendida-adquirida.
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Lo cambios conllevan enfrentarse a una situación nueva, a circunstancias sin explorar, incertidumbre, pero… ¿no es mejor eso que estancarse en una realidad incómoda con la que ya no nos conformamos?
~Eve
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A la mierda, a la mierda, excepto los de mi cueva~

Seré breve pero intensa:

Nunca entenderé el patriotismo. El sentimiento de pertenencia a una nación, de deberle algo a la “patria madre”, me parece bastante ilógico… sobre todo basándonos en que la nacionalidad de cada uno es totalmente arbitraria.
Es normal imagino que te preocupen las condiciones del país en el que resides (que no en el que naces, a no ser que tengas familia allí), al fin y al cabo te van a afectar por todas partes, pero que defiendas el lugar en el que casualmente llegaste al mundo a capa y espada… me parece realmente una forma de pensar bastante primitiva y poco justificable (salvo racionalizaciones muy cogidas al pelo, y que no cuelan).

¡¡Hay que cambiar el mundo!!… Pero con moderación. Por si acaso.

Yo sólo os recuerdo que, supuestamente, abolir la esclavitud implicaba un “severo ataque a la base económica “mundial””. Y no por ello seguimos teniendo esclavos, ni tampoco ha significado el fin de la humanidad ni la economía.

Renovarse conlleva muchas veces afrontar situaciones nuevas, en ocasiones en apariencia peligrosas para la sociedad, pero que deben llevarse a cabo. Lo importante es no estancarse en las mismas premisas por miedo al cambio, o a afrontar sus consecuencias.

Así que, cuando cada vez que se habla sobre realizar cambios importantes alguien suelta la típica excusa de que eso supondría un peligro para X (economía, sociedad, ética, etc.)…. que sepáis que me suena a excusa cómoda y feliz.
Y que me río por dentro de tanta tontería.

Historia de una máscara

Había una vez un individuo que vagaba por la sociedad, con gran notoriedad, portando una máscara. No era de ningún material tangible, sino que estaba formada por aquello que deseaba reflejar de sí mismo, una creación minuciosa, que convenientemente creía cierta.
Bien protegida por la imperceptible distancia, esa máscara se mantenía intacta, y el autoconvencimiento de ser alguien distinto crecía. Se engañaba cuando la máscara flaqueaba y, rápidamente, volvía a ponerla en su sitio. Nadie notaba esos pequeños “deslices”, o quedaban como anecdóticos ante la imperante admiración a sus reconocidas virtudes.

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Pero llegó el día en que, sin planearlo, una persona se acercó peligrosamente, demasiado… tanto, que descubrió su preciosa fachada. Al caer la máscara, el individuo se sintió perdido, rabioso, confuso. Pretendía reponerla, pero aquella intrusa podía percibir cuándo la llevaba, y de un manotazo se la volvía a quitar. El infeliz contemplaba una y otra vez, cada vez de forma más asidua y completa, su apariencia real. La que sólo puede ver por esa persona, aquella que se ha acercado lo suficiente como para apreciarla.

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Y no le gusta lo que ve. No le gusta en absoluto. La realidad es demasiado diferente…

…Porque no es quien creía, quien todos a su alrededor creían, sino alguien incapaz de amar de corazón. Incapaz de no causar daño a la única persona que había sentido el deseo de acercarse, de cruzar esa línea que con nadie más cruzaba.

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Y lo más triste de esta historia es que esa persona no tratará de hacer frente a su semblante real, sino que alejará a quien se lo ha mostrado. La única persona que se ha acercado tanto como para quererle sin su máscara, lleno de virtudes y otros muchos defectos… La única dispuesta a sufrir por amor, por su realidad. Y ayudarlo a afrontarla.

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Pero la máscara le ofrece protección y renombre.
Esa chica es… sólo una chica más. Un corazón más. Una vida más. Un cuerpo más. (O al menos eso desea creer). Y la máscara podía procurarle muchas otras…

…sin tener que enfrentarse a sí mismo. A su realidad. Al cambio.

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~Eve

Las víctimas silenciosas de la sexualización cultural extrema

“Y no nos confundamos, no hay nada de malo en ser promiscuo MIENTRAS NO SE DAÑE A OTRAS PERSONAS, se puede llevar una sexualidad promiscua sin ser infiel (si la fidelidad es una condición de dicha la pareja) ni dañar y engañar a nadie, de lo que aquí se habla es de una CULTURA QUE PROMUEVE UNA FORMA DEPREDADORA DE VIVIR LA SEXUALIDAD, del no respeto a la integridad, la dignidad y los derechos de la otra persona.”

Extracto de: https://plataformaantipatriarcado.wordpress.com/2015/01/25/la-falacia-de-la-revolucion-sexual-femenina/ (Aunque con respecto a este texto, diría que es mucho más importante la educación que la censura.)

Esta cita va para todos aquellos depredadores sexuales que viven su “libertad sexual” (JÁ) utilizando a las otras personas como OBJETOS para lograr su propio fin: el placer.

Hace un tiempo escribí una entrada sobre la hipersexualización y la mal llamada libertad sexual (Link), pero esta vez quiero hacer hincapié en los daños que ocasiona esa hipersexualización.

Actualmente, la liberación sexual (falsa) que impera da lugar a la práctica indiscriminada del sexo, por encima de los valores humanos. Da igual cómo sea esa persona, su forma de percibir el sexo, sus emociones (y la intensidad de las mismas), su relación, la compatibilidad… Nada de eso importa, ya sabéis: “si pesa más que un pollo, me lo/a follo”. Y, además, esos individuos se engañan a sí mismos y a los demás para poder obtener sexo y su deseada satisfacción inmediata con quien convenga (o pueda caer fácilmente por los motivos que sea). Incluso racionalizan sus actos sin ningún tipo de lógica en sus palabras, buscándoles un sentido que no tienen. Por ej., “es mi forma de conocer gente”, “así se conoce más a la otra persona” (sin después tener ningún otro contacto con el susodicho/a), o intentando detallarlo de forma poética. Pero no os dejéis engañar… se descubre quién ejerce este tipo de sexualidad dañina por sus actos. Sólo tenéis que prestar atención a en qué circunstancias y a costa de qué obtiene el placer sexual con otros.

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Como veréis, esta cultura de la hipersexualidad exaltada sin más se lleva a muchas víctimas, directa e indirectamente. Las víctimas directas, a veces junto a otros factores, creo que huelga señalar quiénes son, se ven en las noticias cada día (pero por si acaso, me refiero a las violaciones, los abusos, etc.). Las indirectas, por otro lado, son aquellas personas cuya psique se ve afectada por estos depredadores sexuales (individuos promiscuos con dicha percepción sexual), que no dudan en mentir y traicionar a amigos y/o parejas en pos de obtener su tan ansiado placer.

Os puedo asegurar que con esta forma de proceder, el daño que se socava en los demás es irreversible. La confianza, el respeto, el cariño… son factores valiosos, y frágiles. Si os veis u os habéis visto en el camino de alguien así, de verdad, lo siento mucho, porque es un sufrimiento silente al que nadie parece prestar atención. E influye en tu personalidad, y por lo tanto en tus relaciones actuales y futuras. Que se instale la desconfianza es prácticamente inevitable, e incluso puede llegar a adquirirse cierta aversión al sexo (en el sentido amplio de la palabra, no a tener relaciones) al considerar que la sociedad le da más importancia que a tus emociones e integridad. Cualquier acto en pos del sexo parece estar permitido: traicionar, engañar, mentir… Pero las personas que lo sufren, no creo que estén de acuerdo.

Por supuesto, no quiero entrar en comparaciones sobre “qué acto es más grave”. Me parecería una falta de respeto, y por otro lado es un hecho no cuantificable puesto que, además, se trata de una percepción subjetiva y depende de la persona que lo sufre.

En conclusión, el sexo debería tratarse de un modo respetuoso, sin dañar a nadie en el proceso, sólo satisfacción para las partes que intervienen (y ninguna contrariedad para el resto).

Aclarar que la sexualidad, por supuesto, no es el objeto de mi entrada, sea frecuente u ocasional. No “satanizo” el sexo, solamente critico la concepción sexual de la que nos hacen beber hoy en día: la propia sexualidad por encima del prójimo.

~Eve

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[Momento emotivo subjetivo]: yo personalmente he sufrido este tipo de “daño” durante un tiempo considerable (tanto siendo víctima de engaños, mentiras y traiciones en pos del sexo (conmigo o para poder ejercerlo con otras personas en mi detrimento), como recibiendo chantaje emocional para realizarlo; aunque a un nivel casi imperceptible, disimulado, disfrazado), y todavía lucho contra las consecuencias. Sentir que tu persona vale menos que la sexualidad de otra (más aún siendo alguien de supuesta confianza) es sumamente doloroso. Supongo que las personas que no han pasado por esta experiencia pensarán que es una exageración, pero para mí ha sido algo muy real, y mis sentimientos y emociones son tan válidas como las de cualquiera. Yo lo he vivido así, y ahora lo tengo interiorizado así.

Y ahora, a conseguir un trabajo.

Inicio esta entrada copypasteando el texto que comenté en una noticia, porque es un tema sobre el que he pensado mucho y, ¡qué diablos!, me parece muy correcto decirlo:

Justo el otro día sostenía que no pensaba (sin una necesidad superior) hacer una jornada completa. Me parece absurdo. Vives para trabajar, y cuando tienes tiempo lo empleas mal porque estás agotado. Y no se trata de una posición “holgazana”: yo no quiero dedicar la mayor parte de mi tiempo al trabajo, sino a mis intereses, y está claro que el dinero es necesario… pero, si está la opción, quizá vale más la pena trabajar menos y ganar menos dinero, pero más salud y tiempo para desarrollarte a nivel personal y dedicarte a lo que realmente te apasiona.

Ojo, si tú quieres trabajar mucho (sin la necesidad real, etc.) y cumplir todas las metas instruidas socialmente a costa de tus propias metas, pues estupendo. Pero yo no.

Y parece mentira, pero cuando dices esto a alguien, se lo explicas y razonas, y además observa que estás llevándolo a cabo y no piensas cambiar de parecer, os aseguro que buscan el modo de recordarte:

  1. Que el dinero es importante y necesario, cosa que ya sé, de lo contrario NO trabajaría en absoluto.
  2. Que si no trabajas, ¡qué vas a hacer con tanto tiempo libre! Es decir, creen que tus intenciones son tocarte el opérculo en el sofá todo el día. Aunque no se crea así, hay personas cuya vida puede verse ocupada y en un constante vaivén de quehaceres sin estar trabajando, gracias a realizar tareas apasionantes y/o divertidas. Aún así, insisto: VOY A TRABAJAR, sencillamente escogeré el horario de trabajo que mejor me acomode. No debemos olvidar que se trata de un trabajo, solamente.
  3. Que hay personas a las que les gusta trabajar en jornada completa e incluso hacer horas extra. A mí me parece estupendo que eso ocurra, pero en el momento en que el trabajo se convierte en un disfrute por el motivo que sea, ya NO se trata de “tiempo perdido”, sino de una inversión en una ocupación que te llena realmente. Así pues, a esas personas no se les aplica mi texto; al menos en principio.

E insisten mucho en el punto 1, no entiendo el motivo. Es bastante desalentador.

Lo que me gustaría poder transmitir al mundo, y que realmente sirviera de algo, es que se parase a pensar en si de verdad ese trabajo que se desempeña durante tantas horas merece la pena. ¿De verdad se hace por voluntad propia, deseo propio y convicción, o más bien porque todos lo hacen? La sociedad nos lo ha bombardeado desde nuestra infancia: ser buenas hormigas obreras. Quiero decir, adquirir una jornada completa y trabajar hasta el fin de los días, independientemente de tus circunstancias personales, de tus deseos e intereses. Incluso cuando este trabajo va a ocupar un porcentaje de tiempo MUY elevado en tu vida.

Si ahora se piensa que mi intención es que todo hijo de vecino renuncie a la jornada completa y realice jornadas más reducidas, sin más opción, es porque no se ha entendido mi texto. Si pretendiera eso, no actuaría muy diferente a cómo lo hace la presión social. Lo que reivindico es que, hagas lo que hagas, sea por propia voluntad REAL. Que ocupes lo máximo posible tu tiempo en aquello que te aporte felicidad, te llene como persona y te ayude a alcanzar estratos más superiores de intelectualidad, espiritualidad, etc. (lo que uno prefiera), y el resto de ocupaciones necesarias pero menos importantes e interesantes pasen a un segundo plano, a ocupar el mínimo tiempo posible en la vida.

Recordad: sólo tenéis esta vida para vivirla (al menos, eso parece), y nunca se sabe cuánto va a durar. ¡Hay que aprovecharla! ¡¡Al máximo!!

El estigma social sobre la salud mental y CÓMO AFECTA A LAS RELACIONES DE PAREJA

Tener una relación con un individuo que padece un trastorno de índole mental (depresión, ansiedad, PTSD, borderline) es complicado. No porque el trastorno en sí complique la relación, sino porque se establece un prejuicio elaborado sobre la persona que lo padece y se reacciona siempre de un modo defensivo ante circunstancias que no tienen que ver con el trastorno mental, tales como un mal día, cambios de humor normales en la mayoría de los humanos, palabras que se malinterpretan porque quedan sujetas a “los efectos del trastorno” y no se les da otra interpretación, etc.

“Mental illnes is nothing to be ashamed of,

but stigma and bias shames us all.”

Durante un episodio, la pareja es un apoyo fundamental en muchos casos, sobre todo su comprensión, pero fuera de los episodios hay que recordar que el trastorno no define al individuo, ni condiciona la totalidad de sus actos. NO es de recibo creer que siempre está presente y, por lo tanto, todo lo que se haga y todo lo que se diga va a estar influido totalmente por el trastorno adyacente.

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“Even when people with mental illness are successful at establishing romantic relationships, stigma can become an issue in the union. My last boyfriend and I experienced this when I had a depressive episode during our relationship. Once I understood what was happening to me, I explained it to him and told him what to expect. My boyfriend was definitely supportive of me and of my disease, and aware of how difficult it was for me to battle the depression.

As I got better, however, HE TREATED ME DIFFERENTLY THAN HE HAD BEFORE MY EPISODE:
-He’d attribute any change in my mood to my bipolar disorder, even when I was just having average, human emotions.
-Then he became less understanding of my bad days and times when I couldn’t be there for him in the way he wanted.
-In the end, we broke up because he didn’t feel like he could take care of me even though that’s not what I’d asked for.

It turned out that my boyfriend assumed that my life would always be like it was during my episode, and not like the fairly average existence I’d had up until then.”

Fuente: http://www.healthyplace.com/blogs/relationshipsandmentalillness/2015/07/how-mental-illness-stigma-affects-romantic-relationships/

Cabe destacar que el enfado, la indignación, los arrebatos y la intolerancia no son buenos compañeros de viaje de la razón y la comprensión. De esta forma, nunca llegaremos a combatir el estigma social. Antes de levantar la voz y acusar, hay que pensar y preguntar, empatizar.

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~Eve